sábado, 8 de octubre de 2016

Lo leído, ¿quién nos lo quita?

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Lo leído, ¿quién nos lo quita?

Lo leído:

Intimidad de Hanif Kureishi
Los Niños de Carolina Sanín
La Carroza de Bolívar de Evelio Rosero
La Pasión Según G.H. de Clarice Lispector
El Libro de las Ilusiones de Paul Auster
La Guerra Perdida del Indio Lorenzo de Rafael Baena
Así Empieza lo Malo de Javier Marías
La Cena de Herman Koch
La Amiga Estupenda de Elena Ferrante
Hombres Buenos de Arturo Pérez Reverte
Homero, Ilíada de Alessandro Baricco
El Viaje de las Botellas Vacías de Kader Abdollah

Lo que no nos pueden quitar:
Comenzamos con una obra de un inglés de ascendencia pakistaní, Hanif Kureishi, titulada Intimidad.  Kureishi nos ofrece ofrece un relato crudo, incorrecto, realista y sin disimulos ni cuidado con lo que se expresa, alrededor de la idea de un abandono. Un personaje inmaduro, escritor y guionista cinematográfico, decide abandonar una relación familiar en busca de un supuesto progreso personal. El relato llega a ser reiterativo, quizá como el reflejo de las vueltas que el personaje le da en su cabeza a la dudosa convicción de que debe abandonar a su esposa e hijos. Comienza de manera intensa, pero a medida que el personaje reflexiona acerca de su impulso, quizá con los matices de la culpa y la inmadurez de su decisión, el narrador comienza a enredarse en detalles innecesarios o irrelevantes para la historia. Como su nombre lo indica, se trata de un relato íntimo cuyo desarrollo es lento, reflejo de la insatisfacción y la rutina agobiante en que supone que se ha convertido su propia vida.

Pasamos a la lectura de Los Niños, de la escritora, columnista y profesora de literatura bogotana, Carolina Sanín. Sanín nos presenta una historia extraña, a la que es difícil seguirle el hilo, quizá porque no lo tiene. Nos muestra la soledad de una mujer mezclada con la soledad de un niño que aparece de manera misteriosa y poco creíble en su vida, con los esfuerzos de ella por imponer una relación sin que parezca tener las herramientas para entablarla. En algunos aspectos parece tener sustento en una investigación superficial acerca de los procesos burocráticos relacionados con la adopción en Colombia, pero en otros aspectos la escritura resulta pobre y sin adecuado desarrollo. Hace una referencia a Moby Dick que parece, a lo sumo, tangencial, pero a la vez parece suponer que sus lectores deben haber estudiado a Melville en profundidad. Sorprenden las reseñas tan elogiosas para un relato que a veces se pierde en sueños o alucinaciones personales que en nada aportan a la historia, y que haya sido comparada con un cuadro de Hopper por su supuesta representación de la contemplación personal. Aunque se espera que todo libro tenga sesgos personales del autor, cuando proliferan los detalles que no parecen necesarios o creíbles, la historia pierde rumbo e interés. El libro puede ser el reflejo de los momentos de lucidez o confusión de la autora. En él se encuentran pasajes de difícil comprensión, mezclados con algunos fragmentos bien contados, pero que resultan en una historia que no satisface ni deja mucho en este lector.


Seguimos con otro bogotano, el reconocido escritor Evelio Rosero, con la obra que fue galardonada con el Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura en el año 2014, La Carroza de Bolívar. Se trata de una arriesgada y profunda investigación que, a través de una elaborada narración, resulta en un paralelismo entre el momento político vigente en el país y algunos apartes no muy conocidos de la historia del paso de Bolívar por Pasto. Una «desmitificación» de Simón Bolívar que causa controversia entre los historiadores y promotores de la imagen del Libertador como héroe. En esta novela también hay un paralelismo entre el ambiente de carnaval y la farsa de la memoria histórica.  Se revela el desengaño con la versión histórica que presenta a Simón Bolívar como un héroe, y la intención de revelar públicamente, en el marco de un carnaval burlesco, los resultados de una investigación acerca del verdadero papel de este personaje en la historia del país. La imagen de ese libertador es defendida desde diferentes perspectivas, tanto la oficial, representada por la alcaldía, como la subversiva, representada por los guerrilleros. En medio del carnaval con que comienza el año, aparecen los disfraces de la estupidez, en forma de asnos que finalmente terminan a patadas con el autor de la carroza de la discordia, con la que se pretendía revelar a Bolívar y a sus actitudes abusivas y poco heroicas con la gente de Pasto. Una muy interesante, poco conocida y bien contada faceta de la historia nacional.

La brasileña de origen ucraniano Clarice Lispector es la autora de La pasión según GH.
Un relato que carece de hilo conductor, quizá demasiado íntimo y probablemente tan personal que no parece haber sido pensado para el público sino como una especie de diario. La advertencia de la autora al comenzar el libro hace suponer que no era de su interés que muchos lo leyeran: «Este libro es como cualquier libro. Pero me sentiría contenta si lo leyesen únicamente personas de alma ya formada». A lo cual cabe añadir que es un libro para unos pocos, para los que se atreven a contemplar el abismo de un ser que se encierra en sí mismo para reconocer su propia repugnancia, a través de una serie de reflexiones personales de difícil comprensión.  La referencia de la cucaracha y el líquido blanquecino que se revela al aplastarla le ha dado un matiz kafkiano a este relato que, como la impresión que suele asociarse al insecto, termina en las ganas de no tener nada que ver con él.

Del norteamericano Paul Auster leímos El Libro de las Ilusiones. Una trama de finales de los años ochenta en la que narra la depresión en la que cae un profesor universitario luego de perder a su esposa e hijos en un absurdo accidente. En medio de su tristeza, descubre la película de cine mudo de un desaparecido actor, que además de ser el primer momento de risa luego de varios meses de tristeza y desolación, logra despertar su interés por investigar acerca de su biografía, hasta el punto de convertirse en experto en la vida y obra este actor, un tal Thomas Mann.  Como en otras de sus obras, Auster desarrolla extensamente a un personaje ficticio, y usa personajes que se aíslan del mundo para reaparecer luego de muchos años. Se trata del relato de varias vidas en busca de ilusiones. Cada personaje tiene una dura historia y una historia de la ilusión de una reivindicación consigo mismo. Los personajes principales son ampliamente desarrollados y las descripciones a las que nos ha acostumbrado Auster son muy detalladas. Como el actor de cine cuya biografía es el hilo conductor de la novela, la trama resulta de tinte cinematográfico, para que al final, como las historias dentro de la historia que abundan en la novela, el hilo conductor se entrelace con uno de esperanza o de ilusión.

Rafael Baena fue un escritor, periodista y fotógrafo sincelejano, de quien leímos La guerra perdida del indio Lorenzo. Centrada en el momento histórico de la separación de Panamá de Colombia, la narración comienza con una carta donde se revela el papel de un poco conocido personaje de la historia nacional, Victoriano Lorenzo, un general indígena panameño y su importante participación en la Guerra de los Mil Días. Un relato detallado en la que resalta el excelente uso del lenguaje por parte del autor, además de su profundo conocimiento de la historia del país. Como suele suceder con las reseñas históricas –o con las novelas de tinte histórico- se revela cómo se repiten los errores que han llevado a las guerras y cómo no parece que quede lección alguna de esos conflictos, que resultan en un parecido sorprendente con la actualidad nacional, donde se hace evidente la torpeza de la clase política para dirigir a una nación.

Pasamos a la lectura de Así empieza lo malo, de un viejo conocido de nuestra tertulia, el madrileño Javier Marías, quien ocupa el sillón de la «R» como miembro de número de la Real Academia Española, lo que da cuenta de la prolijidad con la que escribe. Otra historia llena de detalles y de personajes extensamente desarrollados, con historias entrelazadas alrededor del misterio acerca de una relación de pareja que se ha dañado por un secreto mal guardado, o revelado de manera tardía e inoportuna. El título hace referencia a una frase de Shakespeare «Así empieza lo malo y lo peor queda detrás» (Thus bad begins and worse remains behind), que a su vez se refleja en que siempre, a pesar de los malos momentos, hay esperanza de mejorar. Otra historia en la que uno de los personajes centrales tiene que ver con la industria del cine, quizá como analogía del manejo de las ilusiones representadas en el séptimo arte. Este director de cine no puede verlo todo con la claridad que supone su oficio, pues lleva un parche en un ojo que, como mínimo, compromete su visión binocular, sin hablar de los puntos de vista que se ha perdido a lo largo de su vida.  Un relato que está relacionado con la historia de España, en la que hubo momentos en que fue necesario callar para sobrevivir, callar lo que se sabe y vivir una verdad individual e íntima que puede ser muy distinta a la vida que se muestra. En un mismo entorno familiar, las historias personales pueden tener versiones muy distintas según lo vivido por cada cual y según las necesidades de cada uno, con matices y secretos que pueden conocerse, pero de los cuales no se habla. Al final, luego de la aparente necesidad de usar tantas palabras, lo más importante puede ser no usar las palabras, mantener un tácito silencio que hace que no sea necesario revelar lo que se sabe ni explorar cuánto se sabe.

Como en otros años, saltamos de un país a otro con nuestras lecturas, que además nos han llevado a viajar por el tiempo. De Holanda, el autor y actor Herman Koch, con su éxito de ventas La cena, que ha sido traducida a una veintena de idiomas. Una oscura historia de los tiempos modernos, basada en un hecho real ocurrido en España, donde unos muchachos prendieron fuego a una indigente que dormía en un cajero automático. Muestra la sociopatía como una mezcla de factores externos e internos que forjan este tipo de personalidades. Sugiere un factor biológico predominante, casi como una excusa para no asumir la responsabilidad por la violencia de un padre que al principio se muestra preocupado por los actos de su hijo, pero que poco a poco se revela como un personaje violento e intolerante. Ambientada en un restaurante lujoso, que además es criticado severamente por uno de los protagonistas, la novela muestra una reunión de dos hermanos con sus esposas, que discuten acerca del futuro de sus hijos. Es una crítica a la ética de creciente vigencia, a algunos modelos educativos y a la postura que justifica los medios para alcanzar cualquier fin, a la vez que critica al resurgimiento del racismo en Europa. Aunque es poco creíble que se haya escogido un restaurante como escenario para tratar temas privados y de gran trascendencia, es precisamente ese escenario el que permite presentar la idea de una supuesta familia feliz, pero claramente disfuncional, que enmarca la discusión de un asunto de gran importancia en un contexto artificial. Aunque por momentos la narración se pierde entre saltos temporales, es capaz de describir con detalle la frialdad de sus personajes y su postura calculadora, que lleva a una violencia que, a lo largo de la narración, pasa de ser soterrada a convertirse en una manifestación explícita y cotidiana.

Recientemente se reveló que Anita Raja es la supuesta verdadera identidad de Elena Ferrante, de quien leímos la primera de una larga tetralogía de relatos de dudoso interés, aunque de indudable éxito en ventas. La amiga estupenda es una historia inconclusa de costumbrismo napolitano, una muy extensa narración que no se resuelve en este tomo, y muy probablemente tampoco llegue a un cierre en el segundo ni en el tercer volumen de esta larga historia de la amistad entre dos mujeres, que comienza en su niñez. Dos amigas con una aparente relación de dependencia mutua en un ambiente relativamente violento, el del Nápoles de mediados del siglo veinte, pero más precisamente el de uno de los barrios pobres de esa ciudad. La autora es cuidadosa en sus extensas descripciones y «atrapa» con la idea de que una de las protagonistas, ya adulta, ha desaparecido, oportunidad que sirve para que la otra cuente la historia de su amistad y se remonte a la época de su niñez. El extenso relato muestra unos pocos años de la niñez tardía y adolescencia de estas dos amigas, que tienen en común su espíritu competitivo y su ilusión, a veces compartida, de poder salir de su barrio hacia un mundo mejor. Pero la narración también parece una trampa comercial, en la que se obliga al lector a comprar el siguiente volumen si quiere conocer el desenlace de la historia de estas niñas. Tanto es así, que al final del primer tomo, hay un adelanto del siguiente, como en las «sagas» de las películas recientes, que incluso recurren a contar sus historias en desorden, donde la siguiente película pueda ser situada antes de la historia ya revelada, con el único fin de conseguir ingenuos que puedan estar interesados en los hechos que supuestamente  ocurrieron antes, truco conocido como «precuela». No se puede negar que la prosa tiene puntos de interés, pero tampoco que tiene apartes cuyos detalles y extensión resultan agobiantes y probablemente innecesarios. Digo probablemente, pues queda la sospecha de que algunos de ellos sean aprovechados en los siguientes tomos, lo cual no me causa el interés suficiente como para averiguarlo.

Seguimos con otro español, el periodista y novelista Arturo Pérez Reverte, también conocido en nuestro grupo de amigos lectores y reconocido por su prolífica obra y también por el cuidadoso uso del idioma. Otro miembro de la Real Academia Española, que ocupa el sillón de la «T» en esa antigua institución dedicada al cuidado del idioma español, cuyo lema, que da cuenta de su interés por proteger la lengua, reza: «Limpia, fija y da esplendor». Precisamente, Hombres buenos es un relato hábilmente construido para darle verosimilitud a un episodio histórico relacionado con la Real Academia Española. Con detalles que tienen sustento en documentos reales, Pérez Reverte fabrica una historia en la cual sus protagonistas resultan completamente creíbles, dos personajes disímiles a quienes se les asigna la curiosa misión académica de conseguir en París un ejemplar completo de los veintiocho tomos de la Enciclopedia de D’Alembert, obra de la razón considerada prohibida en ese momento. La trama consiste en creer que los personajes realmente existieron y que la novela se basa en hechos y no en la ficción. Con alguna escasa información cierta, el autor crea una obra que parece tener el peso de la documentación –también inventada- que es coherente con el momento histórico en que se desarrolla. Pérez Reverte utiliza con maestría el recurso de recordar al lector que está leyendo una obra de ficción, y acude a la técnica de la metanovela, en la que el autor revela algunos de los detalles de su propio proceso creativo para lograr contar esta historia, donde también inventa obras suyas que no ha escrito, con títulos sugerentes que invitan a buscarlas o a esperarlas, al encontrar que no existen. Esto hace que la novela pueda ejecutar saltos temporales acrobáticos entre el supuesto momento histórico de 1781, y los tiempos modernos, en los cuales el mismo Pérez Reverte (o quienquiera que sea el narrador) cuenta de sus viajes en busca de los caminos españoles y franceses que pudieron recorrer estos supuestos personajes históricos en su misión bibliográfica. La técnica de las historias paralelas evoca a aquella película de 1981, La esposa del teniente francés, que muestra una relación tormentosa de la época victoriana, entremezclada con el drama que surge durante la filmación de esta misma película entre los actores modernos que la protagonizan. Con la habitual pulcritud de su prosa, no sorprende que Pérez Reverte haya logrado una convincente estampa de la época, ni que sus personajes, también académicos de la lengua, se expresen con tanto gusto y con tanto cuidado por el idioma español. En la novela hay varias historias dentro de la historia principal, cada una bellamente elaborada, con las que el autor logra una mezcla balanceada entre ficción y realidad que resulta en una obra muy entretenida.

Alessandro Baricco, el novelista, dramaturgo y periodista italiano que también hemos leído antes, se embarcó en la idea de hacer una lectura pública de La Ilíada de Homero. Pero la épica obra original no fue escrita en un lenguaje sencillo o que sea fácil de comprender para todos. Baricco emprende una tarea titánica y loable, la de llevar esta epopeya griega del siglo séptimo antes de Cristo a una versión moderna, en la que conserva los personajes principales y les da voz propia, con un lenguaje que remplaza la técnica poética del verso hexámetro por una prosa centrada en el histórico conflicto. Homero, Ilíada es una historia necesaria, que muestra lo que ya sabemos: que la historia se repite. Esta narración bélica muestra cómo la violencia hace parte de la naturaleza humana. En un momento en el que se viven en el país diferencias de opinión entre la pertinencia de un proceso de paz y la necesidad de obstaculizarlo, parece oportuna la lectura de esta historia de una larga guerra, de las trampas y engaños que la perpetuaron y de las caprichosas posiciones personales que la alimentaron.

Este ciclo anual de páginas se cierra con la obra de un exiliado político persa en Holanda, el físico y escritor Hossein Ghaemmaghami Farahani, quien adoptó el seudónimo Kader Abdollah, el cual corresponde a los nombres de dos de sus amigos en Irán que fueron ejecutados por oponerse al régimen de los ayatolas.  Su primera novela en idioma holandés, El viaje de las botellas vacías, narra la experiencia de un joven iraní que emigra a Holanda y sufre las mismas dificultades que tuvo el autor al enfrentarse a la cultura occidental y a una lengua muy distinta a la suya, que lucha por aprender para ser entendido en el idioma que ahora es local. Es la historia de un exilio personal, obligado, con su consecuente desubicación. Es un viaje que no tiene sentido ni tiene clara explicación, y que se parece a la colección de botellas del abuelo, que, a pesar de contar con una anotación en su etiqueta que trata de reseñar el motivo para haberlas vaciado, la ocasión para haberlas bebido, después de mucho tiempo de estar almacenadas         –como los recuerdos­– dejan de tener sentido y resulta imposible leer sus etiquetas o reconstruir su importancia.  El joven iraní llegó a una cultura que no logra comprender, y, a la vez que pierde gradualmente su relación con la única persona de su mismo origen en el pequeño pueblo holandés donde vive, que es su esposa, entabla una relación que quiere considerar como una amistad. Cuando cree haber encontrado esa amistad, también la pierde. Los problemas de comunicación no son solo transculturales, como lo ejemplifica el hecho de que otro de sus «amigos» prefiere comunicarse por radio con anónimos distantes que con quien se encuentra en su casa. El exiliado termina por olvidar el origen de su viaje y de su vida, y queda atrapado en un mundo extraño, donde encuentra que hasta la luz del sol es distinta a la de su país natal, con una vida vacía, como las botellas del abuelo.

Este viaje anual de páginas leídas comienza de nuevo, con el ánimo renovado por la curiosidad hacia los mundos nuevos por conocer…



martes, 12 de julio de 2016

El ojo del toro

 
Divagaciones lingüístico-mitológico-astronómico-literario-musicales alrededor de un término descriptivo en inglés (bull’s eye), con frecuencia traducido erróneamente como «ojo de toro».

Aldebarán es uno de los más antiguos nombres de origen árabe usado en occidente para llamar a una estrella, utilizado aproximadamente desde el siglo X.  Al-dabarān, que posiblemente significa  «el perseguidor» (no confundir con el cuento del mismo nombre, escrito por Julio Cortázar, en el que su personaje principal, Johnny Carter, persigue el sentido de su existencia a través de su música, en una clara alusión al insigne saxofonista Charlie Parker), hace referencia a su aparente seguimiento del grupo estelar conocido como Las Híades.
Hay cierta confusión alrededor de los mitos que explican algunos de los personajes que llegaron a ocupar un digno lugar en la esfera celeste. Así, las Híades, hijas de Atlas y Etra, son medio hermanas de las Pléyades, también hijas de Atlas, pero esta vez con Pléyone, y se encuentran todas en la misma región del cielo nocturno, junto con
Aldebarán, que corresponde a la estrella principal de la constelación del toro, y equivale, para algunos, al ojo enrojecido de este furioso animal, el ojo del toro. Este animal logró su lugar en el cielo gracias a que el dios Zeus, en una de sus muchas salidas amorosas, se disfrazó como un toro blanco y manso, con el único fin de acercarse y raptar, con intenciones no muy mansas, a la bella princesa Europa. Otra leyenda cretense hace referencia al monstruo mitad toro y mitad hombre, supuestamente hijo de Minos, el minotauro, a quien Teseo dio muerte.
En dimensiones astronómicas, el que algunas estrellas estén «juntas», no significa que sean vecinas. La estrella Aldebarán está a unos 65 años luz de Las Híades, aunque desde nuestro punto de vista parezca posible que una persiga a las otras.
A propósito, años luz es una medida de distancia, no de tiempo. Se refiere a la distancia que es capaz de recorrer la luz, a sus casi 300,000 km por segundo, en un año. Por ello, referirse a un retraso tecnológico en «años luz» no tiene mucho sentido, pues significaría algo distante (más de unos cientos de miles de millones de kilómetros), no algo para lo que hace falta esperar un tiempo.
Pero volvamos a la región donde se encuentra la constelación Tauro, que es de gran importancia para los astrónomos y de gran belleza para los aficionados. Por su transcurrir aparente a lo largo de la línea conocida como la eclíptica, es común que puedan verse los planetas en este vecindario celeste, el mismo por donde también se mueven las demás constelaciones del bestiario imaginario conocido como zodíaco. En esa región del cielo se encuentra una de mis constelaciones favoritas, la de Orión, el cazador. Por su condición mitológica, también parece carecer de sentido cualquier atribución o supuesta capacidad de influir sobre nosotros que se haga a los gigantescos acúmulos de gases que corresponden a las estrellas que sólo desde nuestro punto de vista adquieren formas diversas.
La historia de las mujeres que escapan de la persecución es común a diferentes culturas. Así, para la tribu indígena norteamericana Kiowa, Las Pléyades (constelación que para los japoneses se llama Subaru, lo que explica el logotipo estrellado de esos automóviles) escapaban de un oso, y fue la Tierra la que ayudó a elevarlas al cielo. Los vestigios de esta leyenda corresponden a una montaña conocida por esos indígenas como Mateo Tepe, que hoy parece corresponder a La Torre del Diablo en el estado de Wyoming. Algunos especulan que los aztecas alinearon su Pirámide del Sol con Las Pléyades. Como podría esperarse, los egipcios también observaron con interés este acúmulo de estrellas.  
Diana, la diosa cazadora de la mitología romana, fue quien ayudó a estas mujeres a escapar de su cazador, Orión, conviertiéndolas en palomas. Al centro de la diana o blanco usado para practicar la puntería, se le conoce en inglés como bull’s eye, mientras que en francés hace referencia a un buey, oeil de boeuf. Se ha relacionado el uso de esta expresión con la arquería, con la supuesta práctica de usar cráneos de vacunos para tratar de dar en el ojo de los mismos, como señal de buena puntería. En inglés se usa también para denominar otros objetos cuya forma  semiesférica podría recordar a la del ojo de ese animal. En inglés parece encontrarse desde el siglo XIX en referencia a piezas de vidrio usadas en lentes y lámparas, así como a algunas claraboyas y ventanas circulares de los barcos, que también conocemos en español como «ojos de buey». 
La expresión bulls’eye o bullseye, escrita como una sola palabra, se usa en inglés para significar que se ha «dado en el blanco», no solamente en forma literal, como en los polígonos de tiro, sino como sinónimo de atinar o como analogía de un objetivo que se logra tal y como se había planeado, cuando se ha resuelto un problema, o con el significado de algo exitoso. Sin embargo, como es obvio, en español nunca se dice «ojo de toro» como alternativa a diana, blanco u objetivo, o como sustituto para la expresión «dar en el blanco» o sus variantes.
En el argot de las imágenes diagnósticas, a veces nos encontramos con lesiones cuya apariencia es la de estructuras concéntricas de diferente tono en una escala de grises, que recuerdan, precisamente, a un tiro al blanco o una diana.
En inglés y en español, se refieren a lo mismo, sólo que no se dicen igual, ni se deben traducir literalmente. Del español blanco, diana o tiro al blanco, podemos decir target o bullseye en inglés; del inglés bullseye no se puede llegar, sino como muestra de ignorancia idiomática, al ojo del toro.


Lecturas recomendadas
Hewitt-White, K: Patterns in the Sky. An introduction to stargazing. New Track Media LLC. Sky Publishing, Cambridge 2006.

Hewitt-White, K. The Pleiades: a star cluster for everyone. Nightsky 2004; 1:30-34.

Flanders, T: The Bull of Heaven. Nightsky 2004; 1:20-22.

Kunitzsch P, Smart T: A Dictionary of Modern Star Names. New Track Media LLC. Sky Publishing, Cambridge 2006.

McDonald M: Tales of the Constellations. The myths and legends of the night sky. Michael Friedman Publishing Group, New York, 1986.


Publicado en el número 43 de Panace@, la Revista de Medicina y Traducción.
 http://www.tremedica.org/panacea/PanaceaActual.htm.

domingo, 24 de abril de 2016

Fe y ciencia



Reflexiones desde una postura agnóstica sobre la relación entre ciencia y creencia.
«Los problemas a los que nos enfrentamos no pueden ser resueltos con el mismo nivel de inteligencia o de imaginación que los crearon». - Albert Einstein.
La fe y la ciencia requieren de niveles de imaginación superior y mutuamente excluyente. No es imaginativo ni original cambiar de idea o convicción; de hecho, para algunos puede parecer ridículo que un creyente de la fe cristiana termine eliminando un concepto mesiánico al convertirse en un convencido de la religión judía. Con el estado de las relaciones entre musulmanes, cristianos y judíos (por mencionar sólo algunos grupos de fe), resulta casi humorístico descubrir miembros de esas creencias que se trasladan impunemente de una fe a la otra, incluso con fervor.
Tampoco es necesariamente contradictorio tomar porciones de distintas creencias para satisfacer una necesidad religiosa o científica. Sin embargo, me resulta sorprendente que existan científicos que sugieren que la fe no excluye la ciencia y que se puede ser científico y religioso a la vez. A pesar de trabajar con base en evidencias reproducibles, hay científicos para quienes las apariciones y milagros tienen la misma validez que las observaciones juiciosas en ambientes que pretenden ser estrictamente controlados, como los de un laboratorio.
Los textos que rigen a las creencias no fueron escritos con fuego ni sobre piedra y fueron creados por personas. Sugerir que no se pueden tomar como analogías, ejemplos o parábolas, puede imprimirles una connotación de inverosimilitud que puede ser contraproducente, al hacer más difícil separar la mitología de la religión. Que un dictamen no se pueda controvertir puede hacer más fácil que se dude de él. Por otra parte, si una prueba resiste la controversia, puede hacerse más fuerte su veracidad. Los textos que fundamentan los hechos tampoco son definitivos, y fueron creados por personas. Sugerir que la ciencia no ha tenido fallas y que sus teorías siempre son incontrovertibles es también inverosímil. ¿Se pueden entonces, tomar principios y creencias para sustentar hechos y convicciones?
La ciencia es prejuicio. No es posible sino lo que se demuestra o se prueba. Ver para creer no siempre aplica, pues hay fenómenos reproducibles que no vemos. El corolario es la demostración teórica, que puede confudirse con la premonición. Hay mentes que han sugerido teorías que en su momento fueron descartadas por extravagantes o imposibles, pero que luego fueron verificadas, cuando la tecnología lo ha permitido. En esos casos, no ha hecho falta recurrir al ilusionismo o a los trucos de magia; el tiempo ha sido el que ha ayudado a determinar que algo sorprendente o inverosímil pueda resultar obvio.
La fe es prejuicio. Ver para creer resulta una necedad. No hay necesidad de argumentos reales, aunque ocasionalmente se presenten posturas teóricas que parezcan abiertas o reflexivas, o instancias donde parecería haber espacio para la duda. Todo es posible.
La ciencia es ciega, la fe reveladora. Un científico no religioso puede estar cerrando sus ojos para evitar ver la luz. No es original, ni parece muy imaginativo.
La fe es ciega; la ciencia reveladora. Un científico religioso es como un voyerista ciego. Tampoco es muy original, pero ciertamente es imaginativo.

lunes, 21 de marzo de 2016

Día de la poesía


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El 21 de marzo es el día mundial de la poesía. Desde tempranas horas, circulan ejemplos de cientos y miles de poemas que dan cuenta de la relevancia de este género literario. De Jaime Sabines:

El Peatón

Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas,
alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta.
O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso.
O simplemente, pero realmente, un poeta.

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla!
¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido.
Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta
de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella
en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga
de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar
en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera,
de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.

Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.


Hay poemas para toda ocasión. En el calendario, como en la vida, hay un día para cada cosa. Y, también como en la vida, hay muchas cosas para cada día. En el santoral católico, el 21 de marzo corresponde por lo menos a nueve personajes, cuyas historias pueden encontrarse en la red, para los interesados: San Nicolás de Flüe, San Serapión el Escolástico, San Jacobo el Confesor, San Endeo, San Juan de Valence, San Agustín Zhao Rong, los Beatos Tomás Pilchard y Mateo Flathers, y la Beata Benita Cambiagio Frassinello, según una de muchas fuentes al respecto.
Por ello, algunos días se conmemoran, celebran o recuerdan varios eventos, enfermedades, profesiones o personajes. Algunos son mundiales, otros cambian de país a país. Por ejemplo, en Colombia, se agrupan el 4 de octubre las celebraciones de dos oficios que pueden tener puntos en común o ser diametralmente opuestos, según como se miren: el día del mesero y el del poeta. Se celebran los oficios comunes, como el de la secretaria, el del locutor y el del maestro, pero también otros, quizá olvidados, excepto en su día: el del vendedor, el del cronista deportivo, el del vigilante, el del profesional funerario, el del fotógrafo y el día del negociador internacional.
Los hay para casi todos los diagnósticos, sin importar si son comunes o no, como el cáncer, el glaucoma, la salud prostática, el linfoma, la rabia y la depresión. También hay un día mundial del celíaco, y uno de la retinosis pigmentaria, así como uno de las personas sordas y hasta hay un día mundial del enfermo, que me imagino que acoge a quienes no tengan su propio día, quizá para darle una nueva oportunidad a los sobrevivientes al día de su dolencia para volver a congregarse para celebrar o hacer que los demás tomen conciencia de su enfermedad.
Curiosamente, se escogió la misma fecha para el día de la salud mental y el día contra la pena de muerte…
Cada miembro de la familia, comenzando por la madre, tiene su día: el padre, el niño, la niña, pero también el de la mujer y el del hombre, así como el de la juventud, el del soltero, el del niño africano, y, por supuesto, el día de las familias. Casi no hay profesión u oficio que no celebre su día, aunque muchos tengan visos de comercio y sean sólo una excusa para comprar o repartir regalos. Para los casos de consumismo exagerado, tenemos el día de los derechos del consumidor, así como el día de no comprar nada o Buy Nothing Day –BND, este último en contra de mis principios y creencias…
Tenemos días puramente lúdicos, como el del tango, el de los museos, el de la danza, el de la felicidad y el de la diversión en el trabajo, pero también el día del beso, el día internacional del Jazz, que se celebra el 30 de abril, el de la amistad y el del orgasmo femenino, entre otros.
Hay varios días relacionados con la tecnología de las comunicaciones, como el día de internet, pero también el de internet seguro y el día de la protección de datos. En una categoría de días tecnológicos debe incluirse, sin duda,  el de los vuelos espaciales tripulados.
Algunos días podrían clasificarse en la categoría ecológica, como el día de los océanos, el de las montañas, el del sol, el de las tortugas marinas, el del árbol, el de la Tierra y el día mundial de la nieve. No estoy seguro de cómo clasificar el día del sushi, probablemnte en una categoría gastronómica, junto al día del Chef. Otro día para mí inclasificable es el del orgullo zombie (?).
La palabra tiene varios días dedicados a exaltarla, tanto en el día del idioma, como en el de las lenguas, el de la lengua materna, el de la lengua inglesa, y el de la voz. En el día de la poesía, hoy 21 de marzo, parece conveniente recordar las palabras sobre la palabra:
Palabra
Leyendo el diccionario
he encontrado una palabra nueva:
con gusto, con sarcasmo la pronuncio;
la palpo, la apalabro, la manto, la calco, la pulso,
la digo, la encierro, la amo, la toco con la yema de los dedos,
le tomo el peso, la mojo, la entibio entre las manos,
la acaricio, le cuento cosas, la cerco, la acorralo,
le clavo un alfiler, la lleno de espuma,

después, como a una puta,
la echo de casa.

Cristina Peri Rossi

Busco la palabra

Quiero definirlos en una sola palabra:
¿Cómo son?
Tomo las palabras corrientes, robo de
los diccionarios,
mido, peso e investigo.
Ninguna responde
La más valiente – cobarde,
La más desdeñosa – aún santa
La más cruel – demasiado
misericordiosa,
La más odiosa - poco porfiada.
Esta palabra debe ser como un volcán,
que pegue, arrastre y derribe,
como la temerosa ira de Dios,
como el hervor del odio.
Quiero que ésta una sola palabra
esté impregnada de sangre,
que como los muros del calabozo
encierre en sí cada tumba colectiva.
Que describa precisa y claramente
quienes eran - todo lo que pasó.
Porque lo que oigo,
lo que se escribe,
resulta poco,
siempre poco.
Nuestra habla es endeble,
sus sonidos de pronto - pobres.
Con empeño busco ideas,
busco esta palabra -
y no la encuentro.
No la encuentro.


Wislawa Szymborska

 Las Palabras

"…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras."
Pablo Neruda

Hay días que conmemoran hechos violentos o criminales que no deberían repetirse, como el que protesta contra las minas antipersonales,  los dos días de la no violencia y el día contra la falsificación.
En literatura,  existe una modalidad de transferencia de  autoría que he denominado «plagio apócrifo». Lo defino como la falsa atribución de una obra a un autor. La cultura popular, la tradición oral u otros medios, asignan equivocadamente un texto a un autor reconocido, sin que sea necesario que dicho autor parezca haber intervenido en la falsa atribución. Curiosamente, algunos autores apócrifos nunca rectifican la autoría errada. Uno de los más famosos ejemplos lo constituyen las siguientes líneas, atribuídas erróneamente a Bertolt Brecht:

Primero vinieron por los socialistas
Pero callé porque yo no era socialista.

Después vinieron por los sindicalistas
Pero callé porque yo no era sindicalista.

Después vinieron por los judíos
Pero callé porque yo no era judío.

Después vinieron por mí
Y nadie quedaba para defenderme.


Su verdadero autor fue Martin Niemoller. El escrito «Instantes», atribuido a Jorge Luis Borges («…si pudiera vivir nuevamente…trataría de cometer más errores…») fue realmente escrito por la octogenaria Nadine Stair, quien lo publicó en  la  revista Family Circle con el título  If I had to live my life over. 
Hace unos años, se divulgó un poema de despedida titulado «La Marioneta», que se atribuyó erróneamente a Gabriel García Márquez:

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso pero, en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate...
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón...
Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero dejaría que el solo aprendiese a volar.
A los viejos, a mis viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas les he aprendido a ustedes los hombres...
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.
He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo...


En este caso, el Nobel colombiano expresó públicamente sentirse  ofendido por habérsele atribuido dicho poema. Ante esta rectificación, resultó  ofendido su verdadero autor, el ventrílocuo Johnny Welch, quien lo había escrito para su marioneta «El Mofles». Luego de  una breve y cordial reunión, patrocinada por la revista periodística  Cambio, y matizada con una dosis de  «mamagallismo» (término que para algunos ingenuos es una mezcla de movimiento,  filosofía o estilo de vida cuyos orígenes se han atribuído de manera apócrifa al colombiano), los dos acordaron que se podía seguir atribuyendo «La Marioneta» a García Márquez, siempre y  cuando a Welch se le permitiera la autoría de «El amor en los tiempos del coléra».
En el día de la poesía y de la marioneta, busque un verso, regale una palabra. 
En el día lúdico, tecnológico, ecológico o en el que se sienta identificado:
celebre su día.

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En tu mano comí la sal de tu silencio.
Como una dócil bestia dispuesta al sacrificio.

Mi sed durará siglos.

Piedad Bonnet.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Superluna roja eclipsada del 27 de septiembre de 2015


No es difícil encontrar la luna llena en una noche cualquiera. Como su órbita alrededor de nuestro planeta no es perfectamente circular, hay momentos en que la luna se acerca un poco más a nosotros. En su recorrido, el punto más cercano entre la luna y la tierra se llama perigeo, el más distante es el apogeo.

Este fin de semana, la luna alcanza el perigeo, por lo cual puede verse un poco más grande que de costumbre. Es común que a la luna llena en el perigeo se le conozca como "superluna", aunque el 5% a 10% de diferencia en su tamaño no sea fácil de detectar o especialmente notorio a simple vista. Sin embargo, definitivamente son las condiciones más propicias para observar la luna.
 
Este fin de semana se presenta otro fenómeno sideral, y el hecho de que coincida con el perigeo hace que el espectáculo sea  especialmente interesante. Ese fenómeno es un eclipse total de luna. Sucede cuando la tierra se superpone entre la órbita de la luna y la del sol. El hecho de que estas órbitas  no se encuentren exactamente en el mismo plano, hace que los eclipses lunares no sucedan más frecuentemente. Un eclipse de superluna es mucho más raro, el próximo puede tardar unos treinta años en aparecer.

El tamaño de la fuente de luz (el sol) es mucho mayor que el objeto (la tierra) cuya sombra se va a proyectar sobre la luna. Por ello, la sombra tiene una zona central mucho más oscura, llamada umbra,  y un anillo periférico muy tenue, la penumbra. En la primera hora del eclipse, es posible que no se note que la luna disminuye su brillo cuando es ocultada por la penumbra. 

El universo es muy puntual: exactamente a las 21 horas, 11 minutos y 12 segundos del domingo 27 de septiembre de 2015, la sombra central hará contacto con uno de los bordes del disco lunar. Si las condiciones lo permiten, esa sombra se verá como un “mordisco” muy pequeño que irá creciendo, hasta absorber completamente al disco lunar. Algunos supondrán que en el punto máximo del eclipse, a las 21:47:09, la luna desaparecerá por completo, pero esto no sucede, debido a que tenemos atmósfera. Los rayos del extremo más azul de la luz solar son absorbidos por nuestra atmósfera, y quedan los rayos del extremo rojo, por lo cual la luna, una vez quede completamente cubierta por la umbra, se tornará de un color cobrizo. Diversas condiciones atmosféricas, como la presencia de polvo volcánico, hacen que cada eclipse lunar pueda tener un color ligeramente diferente, dentro de ese espectro rojizo.

La luna estará oculta tras la umbra hasta las 22:23:05, cuando volverá a aparecer el “mordisco”, en otro de los bordes de la luna, para ir revelando la luna en forma progresiva, hasta que vuelva a quedar en la penumbra, entre las 23:27:05 y los 22 minutos y 31 segundos del lunes 28 de septiembre, cuando el espectáculo celeste habrá terminado.

Salga un poco antes del inicio de la ocultación tras la umbra (el eclipse parcial, en la penumbra, comienza en Bogotá a las 20:07:13. Consulte en la red los horarios para su ciudad, puede verse desde casi  cualquier lugar  del continente americano). No requiere equipo ni protección especial para sus ojos para gozar del espectáculo, pero un par de buenos binoculares pueden ayudar. 

En estos días, en Bogotá, la luna estará casi en su cenit. Es decir, sólo hace falta mirar directamente hacia arriba para encontrarla. Si su columna se lo impide, recuéstese en el suelo, sobre una cobija o en una silla playera, aunque este modelo de silla no es fácil de encontrar en Bogotá. 

Abríguese bien, el frío puede causar estragos en su salud. Muchos observadores novatos recuerdan usar capas, como una camiseta, camisa, saco y chaqueta, pero se olvidan de proteger sus piernas. La importante superficie de los muslos y piernas puede llevarlo a una hipotermia, si no toma la precaución de cubrirlas. Aunque la tierra viaja alrededor del sol a unos cien mil kilómetros por hora, un eclipse lunar da tiempo, y uno puede descansar del frío y refugiarse por momentos si la temperatura baja demasiado. Abróchese el cinturón para este viaje por el espacio. Es gratis, una buena compañía  puede ser la a excusa perfecta para “calentarse” con una copa…

domingo, 13 de septiembre de 2015

Otro año de lecturas

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El año pasado terminamos con la lectura de otra biografía imaginada de Bernhard. Este nuevo ciclo comenzó con La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo del genio de Bohumil Hrabal, oriundo de una nación que cambió de nombre y sufrió los estragos de las guerras mundiales. Aunque nació en una ciudad de Moravia, su país cambió durante su niñez a ser Checoslovaquia, que luego se convirtió en la república Checa. Como en otras de sus novelas, el conflicto, que estuvo siempre presente en su vida,  está también en esta obra, que es narrada desde el punto de vista de un niño, quizá el mismo autor, que presencia el paso del tiempo en una ciudad donde éste parece no pasar. Según Hrabal: “Allí donde fallo yo como hombre, fallan también mis personajes literarios. Por otro lado, ellos sienten orgullo por las mismas cosas que yo, es decir, por los pormenores cotidianos de la vida.”
Pero Hrabal no falla. Describe personajes que parecen irreales, en medio de la invasión nazi, que hace parte de la cotidianidad. Con humor, y con el punto de vista inocente y sincero del narrador, una voz infantil describe ese tiempo que cambia las cosas, así como cambió al país del escritor, sin necesidad de moverse, casi como si el tiempo no surtiera efecto sobre sus personajes, su ciudad y sus problemas.

Seguimos con una novela de misterio, que se desarrolla alrededor de una historia de amor, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Tiene personajes pintorescos, muy bien descritos, que narran el transcurrir de la vida de unos adolescentes hasta que llegan a la adultez, en medio de una trama llena de sorpresas y de secretos revelados, con intrigas  que se mantienen a lo largo del relato. Es también una historia del apasionamiento por la lectura y de los secretos encontrados en los libros, que es paralela a la historia de vida de unos muchachos que crecen en una Barcelona impregnada por el conflicto civil. Este relato es el primero de una saga de novelas que en conjunto hacen parte de El Cementerio de los Libros Olvidados. La historia comienza con el niño que encuentra un libro que lo atrapa, precisamente “La Sombra del Viento”, y se entrelaza con la del autor de esa obra. El tejido de los dos relatos resulta convincente, lleno de sorpresas y con muy detalladas descripciones de los personajes de las dos historias.
Una novela en la que el gusto por la lectura hace parte imprescindible de la narración: “Me crié entre libros, haciendo amigos invisibles en páginas que se deshacían en polvo y cuyo olor aún conservo en las manos”. La manera de incluir historias dentro de las historias se ha comparado con las  matrioskas o mamushkas, esas muñecas rusas que se guardan una dentro de la otra.

De Patrick Modiano,  recientemente galardonado con el premio Nobel de literatura, seguimos con La calle de las tiendas oscuras. Otra novela de tinte misterioso, esta vez por un personaje que ha perdido la memoria de su origen y que emprende un viaje en busca de su propia historia. “Un amnésico que se hace pasar por detective privado inicia la investigación más importante de su vida: averiguar quién es. Es la pesquisa de una identidad perdida, emprendida por un personaje  cuya frágil memoria lo hace el peor candidato para reconstruirla. Algunos de sus recuerdos parecen ajenos, ya que él no se identifica en las imágenes que guarda en su memoria, algunas de las cuales son prestadas, obtenidas de fotografías o de momentos escuchados o vividos por otros.  Un relato que puede confundir con los fragmentos que el mismo protagonista no logra descifrar y que lleva al lector a participar del enigma para ayudar al personaje principal a encontrarse a sí mismo.

La siguiente lectura resultó decepcionante. Regresos, de Luis Fayad, es el relato de un antropólogo que regresa al país luego de varios años de exilio académico, y se encuentra con que las promesas de trabajo resultan ser obstáculos que debe tratar de superar para mantener su cargo. El desarrollo de sus personajes es pobre, y el protagonista es pusilánime, incapaz de resolver su situación de vida o de encontrar respuestas para salir del laberinto burocrático. Una historia que parecía tener futuro en las primeras páginas resulta aburridora y lleva a detestar al protagonista de un relato sin mayores sorpresas y con un desenlace igual al personaje, conformista y banal. Quizá sea una obra autobiográfica, en cuanto que el autor había franquista, con personajes e la españa de historiastoria y a encontrar un punto comcontinuar hasta el final para resolver lo smiaaadejado de producir, en una historia que podría asimilarse a la de la ausencia del personaje, quien al final tampoco es capaz de obtener el resultado esperado. Otra vez vuelve a ser claro que la industria literaria puede caer en la trampa del mercadeo, sin que parezca importarle conseguir elogios, quizá autofinanciados, para que un lector desprevenido quiera comprar algo que realmente no vale la pena. En ese caso, prefiero que la contraportada contenga una somera descripción de la trama, que una sarta de elogios sin fundamento, excepto el de un interés comercial.

De regreso a la península ibérica, con una escritora de Bilbao, Marian Izaguirre, con La vida cuando era nuestra. De nuevo, varias historias entrelazadas, la de la amistad de dos mujeres, y la historia de cada una, así como la historia que es el libro que ambas leen juntas. Otra narración tejida a partir de la fascinación por los libros, también atravesada por el conflicto, en este caso el de la guerra civil española. Tiene ingredientes de suspenso y de sorpresa, con un relato efectivo que lleva a continuar hasta el final para resolver los misterios de cada historia y a resolver el presente y el pasado de cada una y a encontrar un punto común, con un buen desenlace. Enmarcada en el contexto de la España franquista, con personajes que están en contra del régimen y que han sufrido y han tenido que esconderse por sus convicciones. Un libro dentro de un libro, con personajes bien caracterizados  que requieren de por lo menos dos narradores y dos tiempos, con un tercer tiempo donde confluyen las tres -¿o dos? historias paralelas. Otro homenaje a la lectura, que a la vez es un homenaje a la amistad.

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, se constituye en una fuerte crítica a quienes se creyeron protagonistas de la revolución política, literaria y vital del 68. Se basa en dos hermanastros que comparten el abandono de su madre, quien prefirió una comuna hippie a su crianza, pero que terminan en áreas disímiles. Uno es un científico renombrado, que sufre una crisis vital, el otro es un “virtuoso del resentimiento”, un profesor de literatura obsesionado por el sexo y la pornografía. Aunque parecen distantes, los hermanastros tienen mucho en común. Houellebecq tiene un humor negro y hace sus críticas con sarcasmo.  Describe detalladamente la búsqueda de cada hermano por una vida mejor, en medio de sus crisis ideológicas. Trata con cinismo temas conflictivos como las relaciones entre hombres y mujeres, la religión, el sexo, la felicidad, el bien y el mal. Su relato transcurre por todos los tiempos, desde el pasado hasta el futuro, donde los hombres, casi como consecuencia de los aportes del biólogo, se convierten en una raza superior, feliz, que ha llevado a algunos críticos a comparar este relato con el de Aldous Huxley.

¿Quién mató a Cristián Kustermann?, de Roberto Ampuero, es otro
relato que parecía prometedor al principio, dado el misterio de un asesinato que el padre de la víctima pretende esclarecer para resarcir el nombre de su hijo, pero acudiendo a un detective que parece debutar en esta novela, para seguir siendo protagonista en otras obras de Ampuero, obras que, la verdad, no dan muchas ganas de conocer después de ésta. Tiene suspenso e intriga, el detective es un personaje interesante, y la novela tiene unos apartes que sorprenden y atrapan, pero que al final, cuando se trata de resolver un enredado conflicto que incluye increíbles conexiones internacionales, la solución parece poco convincente, casi como si la trama no hubiera sido resuelta por las capacidades deductivas del detective, sino como por arte de magia.

De un relato simple y poco convincente, pasamos a la erudición de Umberto Eco, con su novela Número cero. En lugar de una trama gótica, escoge un escenario moderno, dentro del mundo periodístico. Un proyecto que parece inverosímil, un periódico que no sirve para ser publicado sino para chantajear a los grupos de poder, pero que es dirigido según la ética del propietario, amoldada a sus preferencias y necesidades. Para este singular periódico, son reclutados los personajes de esta historia, cada uno con grandes capacidades, que sirven para el propósito de construir noticias con intenciones perversas. ¿Fue un doble realmente quien fue linchado en lugar de Mussolini? ¿Son realmente teorías las conspiraciones, o son historias creadas para que el público suponga que son invenciones?
Con una incisiva crítica política y con una muestra de cómo la historia puede ser manipulada, los personajes de este periódico se enredan en una trama de suspenso y persecución, donde hay muertes y paranoias que parecen un reflejo convincente de lo que sucede en los círculos de poder.

El ciclo se cierra con Tríptico de la infamia, de Pablo Montoya, obra con la cual el colombiano ha sido galardonado con el premio Rómulo Gallegos. Es un homenaje al arte, que en algún momento recuerda obras que son hitos del arte pictórico flamenco, pero que  realmente se centra en tres artistas que relatan en sus obras los horrores cometidos en nombre de la religión en el siglo XVI, tanto en Europa como en la recién descubierta América. Una narración de tinte histórico, con tres narradores distintos, cada uno correspondiente a uno de los artistas que plasmó la muerte y la masacre en sus obras. El cuarto narrador es el mismo autor, que en momentos se inmiscuye en el relato y se nos presenta como un personaje que logra meterse tanto en su investigación de esta faceta macabra del arte, que llega al punto de ver y seguir uno de estos artistas por las calles de una ciudad alemana, a pesar de los siglos que los separan.
El primer pintor es Jacques Le Moyne, quien viaja a América y es conmovido por el arte indígena, y sufre en carne propia las heridas de una guerra de conquista en la que los conquistadores terminan combatiendo entre ellos, hasta que logra escapar, con una pequeña muestra de sus obras, para volver a Europa. El segundo pintor es François Dubois, quien dedica su talento a una obra que revela los desgarradores detalles de la masacre de San Bartolomé, por la persecución de los protestantes de parte de los fanáticos católicos, ocurrida en París en 1572. El último artista de este tríptico es el grabador Théodore de Bry, quien conoce y copia la obra de Le Moyne y es profundamente afectado al conocer la pintura de Dubois. Aunque De Bry nunca viaja a América, se inspira en la Brevísima relación de la destrucción de Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas, para ilustrar la infamia de la conquista española. Sus grabados muestran los detalles de las torturas y matanzas de los españoles católicos, que él nunca vió. Un relato intenso y conmovedor, tanto por los sentimientos que inspira hacia el arte, como por la detallada descripción de las obras que los tres artistas elaboran como crítica a los tiempos de horror. El tríptico es una crítica a los poderes religioso y político cuyos intereses llevaron al genocidio de millones de nativos, pobladores originales de este continente. Una obra especialmente fascinante para quienes gusten del arte y de la historia. Una muestra de una profunda investigación acerca de las vidas de estos tres personajes, que tienen en común su protestantismo y que confluyen en la obra del tercero de ellos. Una novela histórica muy bien fundamentada y descrita con gran elocuencia.