martes, 24 de junio de 2008

Los Medios




Mario Bonilla© 2000.


...la aterradora vigencia de la historia...

Sal

Anoche soñé
que sentado en tus mejillas
contemplaba el azul
de tus ojos de cielo

y mientras buscaba nubes
para inventar siluetas
brotó un manantial
de tristeza líquida
que me arrastró furibundo
hasta tus labios.

Entonces creíste
que a tu vida
le doy sabor a lágrima.




©Mario Bonilla, 1992.

viernes, 9 de mayo de 2008

El quinto rinoceronte. La insólita aparición de un extraño mamífero en el mundo del arte y la anatomía.

En 1515, llegó a Lisboa el que fuera considerado como el primer ejemplar vivo de un rinoceronte en visitar el continente europeo. Este magnífico animal indio se llamaba Ganda, nombre impuesto en el idioma gujerati, derivado del sánscrito. Aunque es probable que algunos rinocerontes africanos hubieran sido exhibidos por los romanos en la capital de su imperio, Ganda sigue ostentando el título del ser el primero, quizá por la fama alcanzada luego de que fuera representado gráficamente por el artista alemán Durero. A pesar de sus obvias imprecisiones, el grabado ha sido considerado como la más influyente imagen de un animal en la historia del arte.


El primer rinoceronte, según grabado de Alberto Durero, quien lo dibujó sin haberlo visto. Imagen de dominio público.

Como dato curioso, el dibujo se basó en descripciones, pues Durero nunca conoció a Ganda. Desde Portugal, el rey Manuel I, en busca del fortalecimiento de sus relaciones comerciales, lo envió como un obsequio a Italia, pero el regalo nunca llegó a su destinatario, el Papa León X, pues el barco que transportaba al exótico ejemplar naufragó cerca a Porto Venere, en la costa de la región Liguria italiana, en 1516.
El rinoceronte de la India (Rhinoceros unicornis) es un fascinante mamífero unicorne cuyas patas característicamente tienen un número impar de dedos. Aunque la zoología científica nació hacia 1500, el estado de la ciencia en ese entonces no había sido capaz de desechar las leyendas de animales con poderes magníficos, cuya principal característica era la de poseer un cuerno entorchado, con propiedades medicinales. La solidez de la imagen popular del unicornio se basa en su cuerno único. Plinio lo describió con cuerpo de caballo, cabeza de ciervo, pies de elefante y cola de jabalí. En el imaginario medieval, el unicornio se asemejó con caballos, carneros, leopardos, zorros y liebres. Por su fuerza extraordinaria, para cazar al unicornio había que recurrir a una treta casi mágica: era necesario exponerlo ante una mujer virgen para que el animal saltara instintivamente a su regazo. Si la mujer no era pura, el unicornio la mataría con su cuerno. Por su cuerno de la salvación, la imagen del unicornio se ha asimilado a la de Cristo.
Hacia 1555, la descripción del narval por los exploradores del círculo ártico sirvió para fortalecer esta leyenda, probablemente basada en descripciones noveladas del rinoceronte indio, y reforzada por la creciente disponibilidad de cuernos entorchados que podían usarse como un cáliz, capaz de neutralizar cualquer veneno que se sirviera en dicha copa. Sólo hasta 1638 fue aclarada la leyenda del unicornio, por el médico y naturalista danés Ole Worm, a quien debemos la descripción de los huesos wormianos del cráneo, y quien fuera mencionado en una nota histórica previa por su relación indirecta con el descubrimiento del conducto de Wirsung en el páncreas.
El cuerno del narval (Monodon monoceros) corresponde realmente a su incisivo central izquierdo. A diferencia del mamífero cetáceo, el cuerno del rinoceronte carece de un núcleo óseo, y está compuesto por fibras de queratina, similares a una aglomeración de pelos. Las leyendas acerca del cuerno del rinoceronte incluyen sus propiedades medicinales y afrodisíacas, lo cual hizo que dichos cuernos fueran muy codiciados. Muchos rinocerontes han sido mutilados en busca de estas propiedades de sus cuernos. De los rinocerontes también se ha dicho que tienen una capacidad innata para detectar el fuego, y que poseen la inclinación instintiva de pisotear cualquier hoguera para apagarla. Aunque no parece existir evidencia científica de esta inclinación de bombero, esta leyenda ha trascendido hasta la cultura popular.
En Malayo, el rinoceronte es llamado badak. Quizá por adaptación fonética, el nombre del segundo ejemplar de este fascinante mamífero cornudo que visitó Europa, fue una hembra conocida como Abada, o Bada, y perteneció al rey Felipe II, de la corte española.
El rinoceronte que hoy nos ocupa es el quinto ejemplar en llegar a Europa. Se trataba de una hembra, llamada Clara. En 1738, cuando apenas tenía un mes, los padres de Clara fueron asesinados por cazadores en su natal India.



Rinoceronte indio en cautiverio. Zoológico de Filadelfia. Foto ©AJ Morillo, 1993.


La rinoceronte fue adoptada por el director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie), el comerciante Jan Albert Sichterman. Clara, la rinoceronte, era un dócil ejemplar a quien se le permitía vagar libremente por la casa. En 1740, Clara pasó a manos de su nuevo dueño, Douwemout van der Meer, capitán del navío Knapenhof, en el cual Clara llegó al continente europeo. Desembarcó en Rotterdam el 22 de Julio de 1741, donde fue exhibida públicamente. En 1742 hizo su entrada al mundo de la anatomía, cuando fue dibujada por Jan Wandelaar, el ilustrador del anatomista Bernhard Albinus, como fondo de acompañamiento para un modelo detallado de la anatomía de los músculos profundos del cuerpo humano. En la siguiente placa de esa serie, que corresponde a una vista posterior de los mismos músculos, Clara es dibujada desde su cuarto trasero. Aunque se trataba de un dibujo científico, Clara ingresó, a través de la anatomía, al mundo del arte. Pero los viajes de Clara apenas comenzaban. En 1743, van der Meer la llevó a Bruselas, y un año más tarde la exhibió en Hamburgo. La primavera de 1746 la pasó en Hanover, de allí viajó a Berlín, donde fue visitada por Federico II de Prusia. A finales de ese año recibiría otra ilustre visita en Viena, de parte del emperador Francisco I y la emperatriz María Teresa. En 1747, hizo una nueva gira por el sur de Alemania; en Dresde hizo una nueva escala artística, pues allí posó para Johann Kaendler, de la fábrica de porcelanas Meissen. Augusto II, Rey de Polonia, la visitó en abril de ese año. Al llegar a Leipzig, Clara fue invitada por Federico II al naranjal del castillo de Kassel. En 1748 hizo una parada en Wurzburgo, ciudad donde fueron descubiertos los rayos X. En 1749 Luis XV la recibió en el palacio de Versalles. Su estadía en París causó gran sensación: poetas y cantores la evocaron en sus obras. Un navío francés fue bautizado Rhinocéros en su honor. En un nuevo viaje al mundo del arte pictórico, Jean Baptiste Oudry la dibujó al óleo, en tamaño natural. Del arte volvió a la ciencia, pues un dibujo suyo, basado en la pintura de Oudry, hizo parte de las láminas de la enciclopedia de Diderot y de la Historia Natural de Buffon. En 1956, Salvador Dalí creó una escultura llamada Rinoceronte vestido con puntillas. La combinación de los principios de la filosofía existencial con elementos dramáticos, da origen al Teatro del Absurdo, el cual presenta un mundo que no puede explicarse de manera lógica. Uno de los primeros ejemplos de esta modalidad teatral es El Rinoceronte, del rumano Eugene Ionesco, quien en 1958 crea un personaje central que encuentra que todas las personas de su pueblo se transforman paulatinamente en rinocerontes.
A diferencia del destino de Ganda, el viaje de Clara a Italia no terminó en naufragio. Clara visitó Nápoles y Roma, donde perdió su cuerno. Clara fue la estrella del carnaval de Venecia de 1751, y allí fue retratada por Pietro Longhi. A finales de 1751, sería visitada en Londres por la familia real británica.
Clara, la rinoceronte, murió el 14 de abril de 1758 en Londres.



El cuarto orden de los músculos. Vista frontal. Sin un mensaje diferente a la maravilla de la naturaleza y su creación divina, la rareza de la bestia se vuelve ornamental en sí misma. El rinoceronte ingresa al mundo de la anatomía a través del arte de Jan Wandelaar, ilustrador del anatomista Bernhard Albinus. Reproducida, con autorización, de: Hale RB, Coyle, T. Albinus on anatomy. Dover Publications Inc. NY, 1979.


Lecturas recomendadas
Hale RB, Coyle, T. Albinus on anatomy. With 80 original Albinus plates. Dover Publications Inc. NY, 1979.
Izzi, M. Diccionario ilustrado de los monstruos. Angeles, diablos, ogros, dragones, sirenas y otras criaturas del imaginario. Alejandria. Jose J de Olañeta (Ed.) Palma de Mallorca, 1996.
Ridley, G: Clara's Grand Tour: Travels with a Rhinoceros in Eighteenth-Century Europe, Atlantic Monthly Press, New York, 2005.
Rifkin BA, Ackerman MJ, Folkenberg, J: Human Anatomy (From the Renaissance to the Digital Age). Harry N Abrams, Inc., New York, 2006.


Nota Histórica aceptada para su publicación en la Revista Colombiana de Radiología, vol 18, No. 1.

martes, 6 de mayo de 2008

Soledad

eres grande
pero cabes en mí
eres luz y penumbra
eres cálida y fría
y sin embargo
me gusta tu abrigo
tu compañía
tu forma de jugar conmigo

eres espejo
reflejo
y caleidoscopio a la vez
me transportas
como a uno de tus cristales
y me das
tus sueños sin final
para terminarlos
mientras me duermo

eres fiel
cruel
y sin embargo
eres mi amiga,

Soledad.


©Mario Bonilla

lunes, 5 de mayo de 2008

domingo, 4 de mayo de 2008

Mario Bonilla visto por Aníbal J. Morillo, MD.

Nació en una ciudad con obelisco, algunos minutos antes de la sexta hora del día dieciocho de septiembre de 1960. Por haber vivido muy poco tiempo en su ciudad natal, él mismo se considera natural de Bogotá, Colombia, ciudad en la que ha permanecido la mayor parte de su vida.
Desde temprana edad tuvo dificultades para comunicarse con sus semejantes, hasta el punto de que su propia familia podía no tener indicios acerca de sus sentimientos hacia ellos, a pesar de considerarse él mismo como un acérrimo admirador de sus ancestros, una madre exageradamente adueñada de su papel como tal, y un padre médico, científico, y, en una palabra, genial.
Comenzó escribiendo para sí mismo, luego escribió para que lo quisieran más, pasó por momentos de inspiración en aras de la crítica, y finalmente reconoce que escribe por muchos motivos, mejor descritos por María Antonia Oliver:

“Los escritores dicen que escriben para que la gente les quiera más,
para la posteridad, para despejar los demonios personales, para
criticar el mundo que no gusta, para huir de sus neurosis, etc., etc.
Yo escribo por todas estas razones y porque escribiendo puedo ser yo misma.”

En muchos momentos de su vida prefirió la soledad, a la que varias veces consideró como su amiga, y a la que llamó alguna vez su «estado natural», pues dicho estado es común a todos los seres humanos que no hayan sido producto de un embarazo múltiple.
Hay quienes afirman que uno de los factores que pudo haber favorecido el desarrollo de su imaginación es precisamente la gran cantidad de momentos compartidos consigo mismo (nosce te ipsum), en los que descubrió su interés por toda clase de estímulos visuales.
Inventaba juegos en los que la luz, los reflejos y las sombras eran los protagonistas (1). Para algunos, no es coincidencia su afición por el cine y la fotografía, ni mucho menos su decisión de convertirse en un especialista médico en imágenes diagnósticas.
En su visión del mundo, siempre debería existir una explicación para cada evento, aunque ésta sea actualmente desconocida, o simplemente debida al azar. No hay cabida para lo que él llama «seres extraordinarios con poderes sobrenaturales», comúnmente conocidos como dioses. Su agnostiscismo se pudo haber incrementado cuando comenzó a leer a Kurt Vonnegut Jr., quien se convirtiera en su autor favorito en el idioma inglés.
Superada –por lo menos parcialmente– su exagerada timidez juvenil, pronto descubrió que las letras y el humor eran un canal de comunicación aceptable. Comenzó a escribir sus primeras frases con autopercibida coherencia literaria a la edad de quince años, en forma de cuentos y ensayos que publicaba ocasionalmente en «Sobre el Tapete», el periódico escolar de cuyo primer Comité Redactor fue miembro. Esos textos constituyen verdaderas «piezas de colección», cuyos originales parecen haberse extraviado para siempre.
En aquella época prefería divulgar sus escritos utilizando diversos seudónimos, ya sea mediante anagramas basados en las letras de sus nombres y apellidos, o aquel ridículo nombre de «B. Yutreg Kinopl», nacido aleatoriamente entre las teclas de una vieja máquina de escribir de su padre. Muchos años después, retomaría su inclinación hacia el periodismo informal, al participar en «El Tiempo de Relajación», un proyecto de periódico que distribuía en su trabajo, y en el que hacía las veces de autor, diagramador, redactor y editor.
Aunque ha dicho que preferiría escribir en prosa, a Mario Bonilla se le conoce más por el uso de frases cortas, de longitud variada, rima sospechosa y métrica dudosa, estilo éste que se constituyó en su forma de expresión predominante y que llegó a ser considerado por autocríticos de su obra inédita como «poesía» (2).
Sus principales escritos – casi todos inéditos hasta ahora- han sido recopilados y distribuidos informalmente bajo títulos como «Anotaciones Vitales», «Proyecto Número Uno y Otros Versos en Proyecto» y varias versiones de «Busco Una Palabra».
El surgimiento de las bitácoras virtuales o «blogs» y la ocasional oportunidad que ofrecen las revistas científicas para la publicación de artículos de temas esotéricos, históricos o de «índole cultural», ha permitido una tímida incursión de Bonilla en espacios de divulgación cada vez mayor (por lo menos, más «abierta»). Sin embargo, sus proyectos seudoliterarios siguen siendo, quizá merecidamente, poco conocidos. Sus anotaciones están basadas en hechos reales o ficticios, están inspirados en una o varias personas y han sido logradas por una combinación de ingenio, palabras y suerte. Para Bonilla, hay personas o situaciones que tienen «potencial literario», a la vez que hay otras con «potencial cinematográfico». Las primeras pueden terminar mencionadas –o no- en sus escritos, las segundas podrían convertirse en imágenes o -¿quién sabe?-, en guiones para una película.
En Mario Bonilla es fácil identificar varios estilos, frecuentemente inspirados en técnicas previamente divulgadas por reconocidos escritores (estilo que algunos han dado en llamar plagio). Para aproximarse a Bonilla, es preciso tener en cuenta que el autor ha eliminado el orden cronológico de varios de sus escritos, con la intención de aislarlos de sus momentos de crisis vitales. En muchos casos, se ha perdido por completo la pista del año o la época en que escribe. Por ello, la mejor manera de comprenderlo, si éste fuera uno de los objetivos del lector, puede ser el dejar al azar el orden en que se lee a Mario Bonilla.
Mario Bonilla es el seudónimo anagramático de Aníbal Morillo: médico, radiólogo, verbófilo, soñador.
Sus recopiladores han encontrado textos relevantes escritos por él desde 1976.
Además de sus dos páginas virtuales, una negra y una blanca, se rumora que tiene «en el horno» la idea de completar el espectro con una página gris...

Referencias imaginarias o irrelevantes
1. Alejo Molleros Binatarazi: Mario Bonilla: Aproximación hacia un Voyeurismo Pragmático. Editorial Visión. 1978.
2. B Yutreg Kinopl: Mario Bonilla: Una nueva forma de poesía. Revista Ensaos y Errores, 1977.
3. http://ajmorillo.blogspot.com/
4. http://www.palviento.blogspot.com/

LAS BRASAS DE TU RASTRO

Epígrafe postscripto:

En tu mano comí la sal de tu silencio
como una dócil bestia dispuesta al sacrificio.
Mi sed durará siglos.
Piedad Bonnett


En la intangible inmensidad de la tristeza
la soledad se mide con palabras.
Para poder cantarle a la tristeza
habría que llorar con lágrimas de sangre.

Tendría que escribir un largo verso
después de cada noche de tormenta.
Tendría que hablar con voz de trueno
para ensordecer al mundo con mi grito.

Tendría que tener la fuerza del relámpago
para iluminar en un segundo mil caminos.
Tendría que romper muchos espejos
para espantar todos tus fantasmas.

Tendría que quemar tantas de tus cartas
para incendiar todos tus recuerdos.
Tendría que pisar descalzo las brasas de tu rastro
y asfixiarme en el perfume de tu humo.

Tendría que olvidarte a mi lado
para volver a caminar sin sentir miedo.
En la impalpable dimensión de la tristeza
Habría que dar los pasos con palabras.


©Mario Bonilla, 1993